EL VALOR DEL MOMENTO PRESENTE
José García
Si aprovechamos uno de esos momentos de sosiego y de serenidad mental, para
intentar ver de nuevo esa película filmada en nuestro pensamiento,
que tiene como argumento todas las vivencias de nuestra propia existencia,
posiblemente vamos a encontrar en ella, momentos muy importantes de nuestra
vida, que al contemplarlos de nuevo, nos van a proporcionar satisfacción
y alegría. Porque posiblemente también, muchos momentos de los
que componen ese pasado, han tenido una gran influencia, en lo que somos,
en el momento actual y en ese papel que cada uno representamos, en esta comedia
de la vida.
Pero también es muy cierto, que todos esos momentos que ya pertenecen
al pasado, han quedado filmados tal como sucedieron, y aunque ahora al verlos
de nuevo quisiéramos cambiar algunas de sus secuencias, de las que
nos sentimos responsables, pero eso ya no es posible, por que lo pasado ya
no admite modificación.
Afortunadamente para nosotros, ese lapso de tiempo que va marcando la trayectoria
de nuestra existencia, está compuesta por ese conjunto de momentos,
que un poder superior nos va concediendo uno tras otro, hasta ese día,
"ignorado por nosotros", que ha de finalizar nuestra misión y nos será
otorgado ese último momento.
Estas mismas razones me llevan a pensar, que el momento más importante
de nuestra vida, es el último que nos ha sido concedido. O sea, otros
que ya pertenece al pasado, en el que ya no tenemos ninguna influencia. En
cambio, este si que lo tenemos todavía a nuestra disposición,
para utilizarlo con plena libertad, para vivirlo intensamente, porque podemos
dedicarlo a pensar, a ordenar nuestras ideas, a modificar actitudes, a corregir
errores.
Este es un momento propicio, para soltar amarras y romper esas cadenas que
nos mantienen esclavizados ante ciertos perjuicios de la vida, a los que soportamos
resignados por cobardía y falta de decisión.
Nosotros debemos aprovechar el momento presente, para conocernos a nosotros
mismos, para averiguar quien somos, como somos y a que aspiramos. Porque no
tenemos necesidad de vivir mezclados y confundidos en costumbres y ambientes
contaminados, como vive y se confunde la rana en el cieno de la charca. Nosotros
podemos ser libres como la alondra, para elevar el vuelo siempre, dónde
se respiran aires más puros que tonifican los sentidos y purifican
el alma.
Nosotros debemos ponernos en contacto con nuestros propios sentimientos,
para descubrir esa serie de valores, que posiblemente todos llevamos dentro,
y que tal vez permanecen inactivos en un profundo letargo, porque no hemos
tenido el coraje de descubrirlos y ponerlos en acción.
Ya es hora de llegar al verdadero convencimiento, que el poseer y acaparar
para sÌ mismos, autogenera nuestro aislamiento, empobrece el espÌritu
y crea remordimientos de conciencia.
En cambio, el ofrecer y compartir con los dem·s, amplía y
fortalece la convivencia y genera alegría y felicidad. Este es un
buen momento, para admirar y respetar la maravillosa Obra de la Naturaleza
y todo lo que ella nos ofrece, sin lo cual, no serÌa posible nuestra
existencia. Y sobre todo, para admirar y respetar al Creador de esa gran
Obra Universal.
Y por ˙ltimo, yo diría que es un momento precioso, para poner en
práctica lo que yo definiría como "La regla de oro del comportamiento
humano", la cual somos muchos la que la conocemos, pero muy pocos los que
la practicamos. Y esa regla solo consiste, en atender y comportarse con los
demás, en la misma medida que nosotros deseamos que nos atiendan y
se comporten con nosotros.