LOS SUEÑOS DEL FUTURO

L.P.

Estoy soñando despierto
en un mundo sin fronteras,
bello como el firmamento
sin odios y sin quimeras.

Donde el amor extendido
por doquier en los humanos
todos se hayan convencido
de que tenemos un padre,
y todos somos hermanos.

Donde jamás la mentira
atropelle a las verdades
y nunca existan las iras
entre los seres carnales.

Donde jamás en la mente
se vuelva a reproducir
el hecho tan imprudente
que después de darnos vida
lo pagamos con morir.

Cuando ya no exista el odio
ni guerras, ni enfermedades,
cual dicha, si los que vivan
ya dejan de ser mortales.

Si ese mundo venidero
es como sueño despierto,
¿quienes vivirán en él
será con otro repuesto?

Por supuesto la maldad
debe de ser destruida,
del todo desalojada
donde empezar otra vida.

Tengo entendido que Dios
no hace ningún milagro,
que hizo uno al empezar
el mundo con su trabajo
y otro que va a hacer ahora
de alcance más elevado.

¿Qué nos quedará por ver
si lo que sueño despierto
tiene al fin que suceder?
¿Quiénes serán los que se quedan
y quiénes los que se van?
Deben de estar señalados,
¿en qué doctrina estarán?

Creo que en todo el planeta
y sin deudas del pasado
deberá de haber personas
que pasen al nuevo mundo
que yo despierto he soñado.

¿Qué será de los que estamos
en la línea de Kardec
y cuando menos pensamos
se nos resbalan los pies?

Así caminando vamos
por supuesto confiados
que por estar donde estamos
aquí seremos salvados.

Pero ya que estoy soñando
tengo que reconocer
que para ser elegido
no lo seré si no di
en mi conducta la miel.


(Originalmente publicado en la Revista LA HORA DE LA VERDAD - Mayo/Junio 2003)