LA SEMILLA DEL BIEN PREVALECE SIEMPRE

Santiago Pérez

Un aventurero iba,
caminando sin destino,
el camino que llevaba
no tenÌa rumbo fijo.

Me paré en una venta
con idea de comer,
y me senté a una mesa
donde me atendieron bien.

Pero mientras yo comÌa,
dejé llevar la mirada
y vi a un hombre que había
en otra mesa cercana.

El hombre no come nada
y se registra los bolsillos,
a ver si encuentra siquiera
lo que cuesta un bocadillo.

Encontró poco dinero,
no tenia para comer,
sólo tenía unos céntimos
y le pusieron un té.

Mientras, en las otras mesas,
rebosaban los manjares,
abundantes de comida
y muchas frutas y panes.

¿Cómo puede consentir
aquel que todo lo puede
que éstos tengan que sufrir
y casi de hambre mueren?

Mientras a otros les sobra,
no pueden ni consumirlo,
ni buscan la buena hora
y a los pobres repartirlo.

Y mientras esto pensaba
me fui hacia el camarero
para que le de comida
a ese pobre y caballero.

O mejor, diré que venga,
venga conmigo a comer
y siéntate a esta mesa
y ya hablaremos después.

Porque el bien siempre prospera,
la semilla no la pierde
y recoge la cosecha
el que puso la simiente.

Así al pasar el tiempo
ha llegado la ocasión
de cobrar y con aumento
aquella tan buena acción.

Un día desde un desierto,
que la sed me devoraba,
había llegado a tiempo
donde había agua clara.

Era aquel gran pobre,
que me ofreció su cabaña,
Él no tenía comida
pero sí tenia agua.

Ahora ya ves, me dijo,
todo en el mundo se paga,
si yo por tí he comido
tú por mí tienes agua.

Y yo me pongo a pensar,
¿qué seria de mí,
si no le quiero ayudar
y no encuentro agua aquí?

Es intercambio del bien,
amor con amor se paga,
ejercerlo es un placer
y recibirlo una gala.



(Originalmente publicado en la Revista LA HORA DE LA VERDAD - Abril 2002)