SALUD ESPIRITUAL
ESTA ES LA MEJOR DE TODAS
José García
Después
de saludar a aquel viejo amigo, al que no veía hacía
muchos años, no pudimos por menos que recordar muchas cosas de
aquella época ya lejana de nuestra juventud. Porque Antonio, que
así se llamaba, era uno de los componenetes de aquel grupo de
amigos que, próximos a incorporarnos al servicio militar
obligatorio, y deseosos de ampliar conocimientos, acudían cada
noche a mi casa para que yo les diera clases. Porque, como
decíamos entonces, sabiendo leer, escribir y las cuatro reglas,
ya nos considerábamos capacitados para enfrentarnos a la vida.
Pues
bien, según me dijo Antonio, al cumplir el servicio militar, se
fue a Cataluña donde empezó a trabajar de camarero en el
ramo de hostelería, y puso tanto interés en su
profesión que, poco a poco, fue ascendiendo puestos, hasta que
por fin empezó a trabajar por cuenta propia, lo que le
permitió posteriormente ser dueño de tres restaurantes de
gran categoría y esmerado servicio.
Me
dijo también que había tenido la suerte de conocer a una
excelente compañera, con la que se casó y tuvieron dos
varones, además de que fue su mejor consejera y la que le
ayudó siempre a superar todas las dificultades.
En
principio todo le fue bien, pero después las cosas cambiaron,
porque los hijos, además de no ser buenos estudiantes, tampoco
fueron un modelo de comportamiento en el trabajo, por lo cual, no
supieron valorar el esfuerzo de sus padres, ni administrar con acierto
el patrimonio que estos les dejaron. Y para colmo de su desgracia, me
siguió diciendo, cuando dejé todas mis actividades y
pensé dedicarme a aquella esposa que tanto se lo merecía,
llegó aquella enfermedad mortal que, además de
arrebatarme a la que más quería, me dejó sumido en
la soledad en que me encuentro, sin un motivo ni una razón que
justifique ya mi presencia en esta vida.
Verdaderamente
no puedo negar que el relato de mi amigo, me causó una gran
impresión. Antonio siempre se destacó por su
empeño en aprender, en superarse y en ser buena persona. Pero
quizá por aquella mala situación que nos tocó
vivir de la posguerra, de tantas carencias y privaciones, optó
por dedicarle mucho tiempo a mejorar y perfeccionar sus empresas para
aumentar sus beneficios, pero dedicó muy poco en conversar y
conocer los problemas de sus hijos, ni contribuyó de este modo,
a proporcionarles una buena formación moral, en la creencia de
que lo importante era tener dinero para
costearles
los mejores colegios y para que recibieran aquella enseñanza que
él no pudo tener. Asimismo se lamentaba de no haberle
dedicado más tiempo y más atención a aquella buena
compañera que Dios puso a su lado, porque cuando pensó
hacerlo fue demasiado tarde.
Yo
traté de reanimarlo, poniendole ejemplos de personas que, cuando
creían tenerlo todo perdido, han sabido darle un cambio a su
vida, dedicándose a favorecer a los más desvalidos,
consiguiendo con ello, cubrir ese vacío interior y esa falta de
motivación para seguir viviendo. Tú puedes realizar este
cambio con más facilidad que otros, ya que tu posición
económica te permite mayor margen de maniobra. Porque el mundo
está necesitado de personas generosas que, con el hecho de darse
a los demás, le den también sentido a su vida,
reencontrándose consigo mismo y alcanzando ese equilibrio
interior que todos necesitamos.
No
quiero despedirme sin decirte que tengo fe en tí y en que
sabrás reaccionar con acierto, porque te conozco desde
niño y se que fuiste buen amigo y buen alumno, por consiguiente
sabrás también elegir ese camino que te permita sentirte
contento y seguro de ti mismo, consiguiendo con ello, la paz y la
tranquilidad interior que tanto necesitas.
Tuvimos
que despedirnos porque él tenía que partir hacia tierras
catalanas, pero antes me dijo lo siguiente: Nunca olvidé
aquellas enseñanzas que nos dabas que me fueron muy
útiles, de las que siempre me he sentido agradecido, como
igualmente te agradezco esta lección que me terminas de dar.
Pero si quieres que te diga la verdad, para mí, ésta es
la mejor de todas.