EL RESUMEN DE UNA ENCUESTA

S.D.

Se cuenta de que una vez
a los seres que volvían
a la Tierra a reencarnar,
les hicieron una encuesta,
y entre pregunta y respuesta
deberían de contestar.

Pregunta: ¿Dónde quieres reencarnar,
en el cuerpo de un banquero,
un empresario famoso
o en el de un pordiosero?

Respuesta: Yo prefiero ser banquero
y operar a mi manera,
pues como tengo dinero
le puedo dar a quien quiera,
pero para mí el primero.

P: ¿Dónde quieres reencarnar,
quieres ser un empleado,
o en vez de simple soldado
quieres ser un general?

R: Prefiero ser general
más que ser simple soldado,
pues con ese resultado
mando más que los demás.

P: ¿Dónde quieres reencarnar,
en familia poderosa,
o en familia numerosa
que nada tenga que dar?

R: En familia numerosa,
y con pocos alimentos,
además con poca ropa,
eso es para dar lamentos
prefiero la poderosa
que eso sí es vivir contentos!

P: ¿Dónde quieres reencarnar,
en casa con buen tejado
o en otra que cuando llueva
siempre termines mojado?

R: No me gustan las goteras
y menos si estoy durmiendo,
y si es que tengo hambre,
tampoco salir pidiendo.

P: ¿Dónde quieres nacer,
en casa de un fabricante,
o pasear por la calle
de vendedor ambulante?

R: Ser hijo de un fabricante
y siempre llevar corbata,
el vendedor ambulante
anda mucho, vende poco
y todos le dan la lata.

El origen de esta encuesta
bien claro nos da a entender
cómo es nuestra respuesta
mucho antes de nacer.

Nadie prefiere ser pobre,
quiere estar acomodado
y que el dinero le sobre
para no estar amargado.

Y aún sabiendo que Cristo
fue muy pobre en su existencia,
muy pocos lo ven bien visto
en la presente existencia.

Esta ignorancia fatal
que al actuar poseemos,
no nos deja ver el bosque
porque nos lo impide el mal
que en nuestra vista tenemos.

Ignoramos que el destino,
ese nunca se equivoca,
y es que traza el camino
que a cada uno le toca.

Nos parece que ser pobre
es desgracia personal,
y que es mejor que nos sobre
para que podamos dar.

¿Por qué nos dijo Kardec
que siendo caritativo
se hallaría la salvación?

Bien sabía lo que hablaba
y no nos quiso decir
que a muchos nos estorbaba
lo que se posee aquí.

Empuñamos el dinero
que da las comodidades,
creemos que es lo primero
para que nuestra persona
no sufra necesidades.

¿Que todos somos hermanos?
¿Quién hace buena esa frase
y al operar lo acredita
en la doctrina que estamos?

Es posible que al orar
pidamos a Dios que alivie
cosas que nosotros mismos
las podemos remediar.

Tal vez parezca desgracia
ser pobre y necesitado,
no lo es si bien se acepta
lo que el destino ha mandado.

Y al final de la existencia
quedaremos enterados
quiénes fueron los que estaban
al andar equivocados.

(Originalmente publicado en la Revista LA HORA DE LA VERDAD - Noviembre 2002)