UN PREMIO A LA PRUDENCIA
Santiago Pérez
Era una feria del campo,
era una subasta libre
donde los frutos tempranos
se presentan y se exhiben.
Un gerente responsable
va cantando su pregón
y que le entrega al instante
la fruta al mejor postor.
Hay muchos compradores
esperando la ocasión
que uno de los pregones
tenga el precio a su favor.
Ha empezado la subasta
y el gerente va ofreciendo
hasta que alguno se planta
y dice: me agrada el precio.
Entonces puede escoger
al mejor, tiene derecho,
y cuando empieza otra vez
ya tiene su cupo hecho.
Ahora va por otro precio
la subasta va bajando,
ya no es el fruto tan bueno
pues el mejor ha marchado.
Pero antes yo diré:
yo era otro agricultor
que allí mi fruta llevé,
que era de la mejor.
Un comprador se me acerca
y cogiendo de un cajón,
empieza a comer cerezas
sin ninguna explicación.
Estuve a punto de decir,
¿están buenas de comer?
Pero si las paga aquí,
las traigo para vender.
Pero no le dije nada
aunque me causara ruina,
sería una actitud muy baja
impropia de mi doctrina.
Pero aqíÌ la gran sorpresa
porque aquel que las comía
llamaba con gran presteza
al otro que ya escogía.
Ven aquí a por lo mejor,
yo vi que le decía,
tienen el mejor sabor
que yo probé ningún día.
Y yo cuánto me alegre
de no haberle dicho nada
que por eso las cobre
a la primera tirada.
Fue un premio a mi prudencia
y una lección del camino
rechazando la violencia
que entorpece al peregrino.
Es una escuela de la vida
y todo el que quiere aprende
si no pierde la partida
y en las zarzas se entretiene.
Esto que aquí estoy contando
es real y definido
se aprende mejor andando
que en un estudio escondido.
(Originalmente publicado en la Revista LA HORA
DE LA VERDAD - Octobre 2002)