Después de terminar la luz del
día,
por empujar tu espalda hasta la noche.
Después de consolarte la alegría,
de suscitar en tus adentros el derroche
de unos nuevos sentimientos
que te despiertan e inspiran...
Después de germinar la luz plantada, asomándose tierna a
tu siquismo.
Después de descubrir por donde manan
la alegría, la paz, el ser tu mismo,
y acercándote a la fuente,
te alimentes de su agua...
Después de retornar de algún camino,
cuyo destino defraudó tus esperanzas.
Después de ser capaz de hacer un guiño
al ser humano que hay dentro de tu alma,
e invitándole a salir,
te conviertas en un niño...
Después, no habrá lugar a la tristeza,
la esperanza se hará dueña del destino.
Después disminuirán todas las quejas,
la comprensión alumbrará por tu camino,
ayudándote a vivir según marca el plan divino.
Autor: Juan Antonio Torrijo