NO ACTUAR CON LIGEREZA
Santiago Pérez
Era un hombre que tenía
en una casa de campo
hermosa yegua de cría
y además otro ganado.
El hombre estaba contento
esperando con ilusión
el deseado momento
que a su ganado alimentó.
Era un potro de la yegua
que pronto iba a nacer
e ilusionado en la espera
sentía enorme placer.
Una mañana temprano
se dirigió hacia el corral
y al observar el ganado
encontró algo fatal.
El potro habÌa nacido
pero allí estaba muerto,
estaba medio comido
y sospechó de su perro.
Tenía un hermoso perro
al que luego maltrató
pensando que del suceso
él sería el autor.
Pero después otro día
el perro se le acercó,
temiendo, pues le dolía
la paliza que le dio.
El hombre, ya en cabeza fría
algo quiso adivinar,
el noble perro movía
su rabito, pues sabía
que era su forma de hablar.
Vio que tenía en su cuerpo
heridas que él no le hizo,
quizá otro lobo o perro
se ha atrevido contigo.
Y haciendo una inspección
mirando por las afueras
un orificio encontró
por donde entrara la fiera
que su potro le mató.
Su perro no había sido.
¿Pero qué hago yo ahora?
¿Y cómo perdón le pido,
si no es una persona?
Pero a mi modo lo haré
y creo que me entenderá
haciéndole mucho bien
sin castigarlo jamás.
El perro es más fiel que el hombre
y aquello pronto olvidó,
luego, al pronunciar su nombre
según que tono le dio,
supo el animal noble
que había pedido perdón.
Me servirá de experiencia
dijo el hombre arrepentido,
y he de tener en cuenta
al determinar tal juicio
de no hacerlo a la ligera.
(Originalmente publicado en la Revista LA HORA
DE LA VERDAD - Mayo 2002)