Memoria Extracerebral
y Reencarnación
FEE
El avance de la Parapsicología ha logrado éxitos
indiscutibles en el área de la interpretación del hombre y
de sus problemas ante la vida.
Superando los condicionamientos ancestrales de la Psicología freudiana,
propone una conducta más compatible con el conocimiento de la Física
Nuclear, mediante los conceptos einstenianos y los de la dinámica
quántica, de Max Planck.
Demostrada la fragilidad de la materia y la realidad de la energía
con sus variaciones innumerables, la Psicología tiene que ahondar
sus investigaciones en un campo más amplio del ser, intentando entender
la vida, aun antes de su presentación física.
Fue lo que hizo la Parapsicología, detectando, así, que el
hombre tiene su existencia real, no solamente a partir del momento de la
concepción genética, sino que ésta, a la vez, ya es
una consecuencia del ser en sí mismo, organizando la forma con la
que se presentará en el mundo corporal.
Para eso, se valió de técnicas especializadas, teniendo por
objeto demostrarlo, tales como la equimenesia o regresión de memoria,
espontánea o provocada, conforme establecía Pitres, anteriormente;
los recuerdos automáticos o deja vu, la xenoglosía y otros,
constatando que "aprender es recordar", como informaba Platón con
su concepto del mundo de las ideas, mundo aparte de la mente.
Con el aporte de haber encontrado vida antes de la vida, algunos parapsicólogos
propusieron, además del concepto tradicional de la memoria cerebral,
la existencia de otra, llamada extracerebral, en la cual se encuentra archivadas
las experiencias anteriores a la organización física actual.
Al principio, fue grande la reacción de los negadores. Pero, delante
de los hechos que se repiten devastadoramente, no se pueden sostener viejas
teorías para explicarlos, tales como la telepatía, la heperestesia
indirecta del inconsciente, atribuyéndole capacidades casi adivinatorias
en el afán de desconocer las nuevas conquistas.
Con esa contribución de la memoria extracerebral, se proponen nuevas
informaciones para la siquiatría y el Psicoanálisis, que enfrentan
tremendas dificultades en el estudio del comportamiento humano y de la salud
mental.
Terapias basadas en el conocimiento de las vidas pasadas, ayudan en la aclaración
de psicosis, neurosis, patologías esquizofrénicas, autismos,
catatonías, llevando al paciente al origen de la enfermedad, que normalmente
tiene sus matrices en los engranajes sutiles de su psicosoma, órgano
responsable del archivo de sus realizaciones pretéritas, anteriores,
por lo tanto, a la existencia actual.
Así también se explican la genialidad y la estupidez, las aptitudes,
las tendencias artísticas y culturales, las predisposiciones éticas
e impulsos criminales, el conocimiento antes del aprendizaje y las resistencias
o debilidades morales, los ideales innatos y el carácter violento
en unos y amable en otros, las simpatías y las antipatías…
Desde el punto de vista filosófico, se aclaran los enigmas sociales
y económicos a los que se vinculan, o bajo los cuales nacen los seres:
poder y esclavitud, fortuna y miseria, salud y enfermedad, felicidad y desdicha…
Y, por encima de todo, bajo un examen ético y moral, la justicia divina,
sin la lógica de la preexistencia del ser, se presentaría caótica,
pues tales son los disparates aparentes que existen entre las criaturas,
diferenciándolas.
Además, la moral del bien y del mal adquiere un empuje nuevo y profundo,
por ser el bien un efecto inmediato de las leyes naturales, que son las leyes
de Dios, mientras que el mal es el olvido de ellas o el atentado en contra
de las mismas.
Esa conquista dignifica al hombre, porque le hace responsable de sus propios
actos, ofreciéndole la oportunidad de producir mediante su siembra,
cosechando de acuerdo con lo que ha realizado.
Por ello, ninguna persona está predeterminada al sufrimiento ni a
la desgracia; la única fatalidad real es la paz, que se conseguirá
con rapidez o lentamente, según la utilización del libre albedrío
individual.
El determinismo es siempre para el bien, pero cómo vivirlo, es de
elección personal.
La adquisición parapsicológica vino a confirmar las doctrinas
de las múltiples existencias, conocidas desde la más remota
edad cultural de los pueblos y que Allan Kardec actualizó, por intermedio
de la Revelación Espirita, en el siglo pasado.
En un análisis filosófico profundo, el Espiritismo demuestra
la anterioridad del hombre al concepto bíblico, manejando con mucha
propiedad el Transformismo, de Lamarkc, el Evolucionismo, de Darwin y el
Creacionismo espiritualista.
Confirma que el hombre es el heredero de sí mismo y que los códigos
genéticos asimilan las impresiones psíquicas de su ser en el
programa de su reencarnación, obedeciendo a leyes de genes y cromosomas
que, a la vez establecen, bajo la vibración kármica de cada
uno, los estereotipos y biotipos correspondientes a los méritos y
deméritos personales.
Esto en el sentido orgánico - fisiológico y psicológico,
alcanzando también a la programación de los grupos familiares,
social, económico y cultural donde cada criatura desarrollará
su proceso evolutivo.
La memoria extracerebral, por tanto, o memoria de las reencarnaciones, documenta
que el ser espiritual es un viajero de los tiempos y de los mundos.
Iniciada la existencia, desde que es solamente una chispa divina en proceso
de crecimiento, "simple e ignorante", como esclareció el maestro Allan
Kardec, no cesa su programación evolutiva, marchando siempre hacia
adelante hasta el infinito…
Lo que adquiere, jamás lo pierde, aunque temporalmente duerma en un
ser, cuando la expiación sea impuesta para reparar las faltas que
le pesan en la economía moral, volviendo a los planos de la conciencia
y de la razón, tan pronto estén superados esos impedimentos.
De esa forma, gracias a las experiencias parapsicológicas, la reencarnación
deja de ser una creencia ancestral para ir al laboratorio de investigaciones
psíquicas, contribuyendo en la solución e los enigmas humanos.
Con ella se aclaran muchas obscuridades del proceso evolutivo del ser e interpretadas
diversas dificultades del conocimiento antropológico.
La presencia en la Tierra, en el pasado remoto, de hombres de alta cultura
y salvajes, confirma que los primeros adquirieron antes el conocimiento,
que los últimos, recién creados, aún no lograron; cual
sucede, igualmente, en nuestros días con el hombre tecnológico
y el de la Nueva Guinea, los pigmeos, los esquimales y otros pueblos primitivos
que se encuentran en la Tierra…
Si todos ellos hubiesen sido creados al mismo tiempo, sus logros serían
iguales, o estaríamos ante una grave equivocación del Gran
Hacedor de todas las cosas.
Ante la reencarnación, los Espíritus son más antiguos
- lo que no siempre es atributo de sabiduría - y más nuevos
- lo que no significa que sean ignorantes -, pero todos son hermanos, esto
es, iguales delante de Dios, con las diferencias que resultan de sus conquistas
morales, en su marcha progresiva.
Conforme es sabido y Gustavo Geley afirmó, en las leyes universales
"no hay reposo; todo se transforma y progresa", unos cediendo paso a otros,
que los sustituyen y, al mismo tiempo, les impulsan a avanzar "sin cesar".
La reencarnación o memoria extracerebral puede ser poéticamente
llamada el eslabón perdido del mecanismo antropológico de la
evolución, porque partiendo del principio que el cuerpo es el efecto,
la transmutación de uno a otro espécimen se dio en el mundo
causal o espiritual, haciéndose en la Tierra el cambio de formas tan
rápido que no quedaron suficientes fósiles como en las demás
etapas.
Aún más, es muy probable que en el momento en que el Pithecantropus
erectus evolucionó hacia el homo sapiens, el Espíritu que se
reencarnó en ese intermedio no era terrícola, sino que estaba
momentáneamente exiliado, ayudando, al mismo tiempo, en la elaboración
de la forma para los viajeros del planeta que los hospedaba en su doloroso
rescate…
Impulsaron los moldes y organizaron el cuerpo, pero también dejaron
huellas de conocimiento y cultural a lo largo de los tiempos, en intercambio
interplanetario, ya que las distintas moradas del Cosmos pertenecen a la
misma "Casa del Padre", como bien lo afirmó Jesús.