La Obsesión
FEE
Encontrándose el alma con sus raíces
sujetas al pasado de donde procede y se viene perfeccionando poco a poco,
es justo que se considere que las actuales vicisitudes y venturas, sean
la natural resultante de las actividades emprendidas con anterioridad.
Pesando en su economía evolutiva, créditos y débitos,
la conciencia de la responsab¡lidad impulsa al resarcimiento, en
los retornos a la organización somática, a fin de expurgar
y liberarse de los agravantes y conquistar valores que lo eleven, lo hagan
feliz y lo apacigüen.
Conforme lo anotó el Evangelista Juan, en el Capítulo 5,
versículo 29: "Y los que hicieron el bien seguirán hacia
la resurrección de la vida, y los que hicieron el mal, hacia la
resurrección de la condena." La tesis reencarnacionista encuentra
en el concepto vertido por Jesús su afirmación, pues mediante
su comportamiento en la Tierra, hace posible que el Espíritu resucite
hacia la luz de la alegría o renazca en la aflicción reeducativa,
de la que necesita imperiosamente.
Marchando por diferentes etapas, gracias a los recursos morales de los
que se encuentra investido, fomenta afectos a los que se une y también
favorece animosidades que estimula, al precio del orgullo y del egoísmo
del que no consigue libertarse.
Estas obligaciones circunstanciales que todos enfrentan en el transcurso
de cada existencia, deberían ser el pretexto para lograr la fraternidad
general, en cuya realización se amparen con miras hacia el futuro
de todos. Sublimando los afectos que se llevarían a cabo sin los
impositivos de interés individual ni las pasiones personalistas,
el amor se convertiría en un paisaje de esperanza y ternura, en vez
de ser un oasis de júbilos rápidos en la desolación
del desierto de la inercia y del dolor en el que se abaten los insensatos
y aturdidos.
Además, los choques producidos por la antipatía, en explosiones
momentáneas, tanto cuanto las reacciones del orgullo herido y de
escrúpulos suscitados por incomprensiones y desaires, se transforman
en graves expresiones de odio que intercambian entre silos que se detestan,
estableciendo prolongadas imposiciones de reencuentros futuros, hasta que
se despedacen las cadenas que los esclavizan, bajo el imperio de la fuerza
del amor.
Al mismo tiempo, las actitudes arbitrarias fomentadas por las disipasiones
y las vanas conquistas transitorias, engendran injusticias reales e imaginarias,
que no reciben las luminosidades del perdón ni de la beneficencia,
con lo que amortiguarían la sed de venganza y el ansia de revancha
que abrigan en los sentimientos en rebeldía.
Sorprendidos por la desencarnación, los que permanecen en el odio,
no se desligan de la insidiosa presencia del rencor que los consume, y
vuelven precipitados, unidos a las leyes del retorno y de las afinidades,
a los círculos donde se separaron por la pérdida del cuerpo
pero no por la sintonía de los propósitos, iniciando consciente
o inconscientemente a los lamentables procesos de alienaciones obsesivas
de curso imprevisible.
Vencidos por la amargura a la que se aferran, eliminan los venenos mentales
y disparan dardos de incontenida rebeldía contra aquellos que, en
el plano físico y aún fuera de él, comienzan a recibir
sus influjos perjudiciales que intoxican y cercan hasta que se consumen
las metas infelices en cuya dirección son emitidos. Si esas personas
no se encuentran amparadas por el hábito saludable de la oración
y de la meditación, de la previsión y de la acción
edificante, porque sufren el constrañimiento de la conciencia culpable,
acogen los dardos desdichados que las alcanzan en continua persistencia,
terminando por establecer un clima de perturbación en el que caen,
malográndose sin sentir las fuerzas indispensables para la resurrección
interior.
Vinculados por las deudas que los identifican entre sí, aquellos
que sintonizan en la misma faja mental de las sombras, lograrán
liberarse de la pesada carga que los extenúa, sólo al precio
del esfuerzo en pro de su propia elevación.
Nadie consigue la paz, si no es al precio del renunciamiento, del esfuerzo
noble y de la realización elevada.
Los desacatos a los Estatutos Divinos que rigen la vida, producen disturbios
y desarmonías que permanecen aguardando al responsable, hasta que
éste reorganice la región afectada, recomponiendo el orden
que violó.
Incapaces de la vivencia del perdón, aquellos que se creen burlados
anhelan una incomprensible venganza, cuando bien podrían vencer
el acontecimiento desagradable, superando las ofensas y librándose
de los ofensores y agresores.
Más dominados por las expresiones animalizantes de la personalidad
inferior que por los relevantes títulos espirituales, no dudan en
responder al mal con el mal, pese a que esa actitud, igualmente, les proporcione
un mal más grande.
En toda pugna obsesiva, se encuentran dos litigantes infelices. El perseguido,
sin los apoyos de la elevación moral, sucumbe inexorablemente bajo
la constricción de la fuerza obsesora, si no encuentra la salvadora
solución evangélica, en tanto que el necio perseguidor, cobrándose
lo que estima que es lo que le corresponde de una justa deuda, se sumerge
en las mismas densas fajas vibratorias en las que se torna desdichado y
agoniza.
Es incontrolable el número de los perseguidos por Espíritus
desencarnados en nuestros días.
La inmensa masa de obsesos que tienen sus mentes y cuerpos violados por
fluidos perturbadores, yace quebrantada por una hipnosis segura que la
domina, o es azuzada por una inducción criminal, que la desorganiza
y alucina.
Las venganzas personales, son realizadas por temperamentos empedernidos
en el mal, que resolvieron retardar su marcha ascensional para promover
la desdicha de sus adversarios, a pesar de que también paguen el
precio del sufrimiento.
Hay obsesiones que son practicadas por una avanzada técnica, con
la cual, los que se suponen dilapidados, recurren a mentes frías
y hábiles del Mundo Espiritual inferior, consumen terribles procesos
de vampirización y subyugación sin piedad, en lo que se complacen
manteniéndolos por tiempo indeterminado, hasta que la Ley del Amor
intervenga compulsoriamente en favor de ambos seres dominados por una lucha
perniciosa.
Las agresiones ocasionales y constantes, son promovidas por vigilantes
verdugos que detestan a los que caminan por la senda reencarnacionista
amarrados a los débitos del pasado, de los que aún no se
liberaron.
Grupos humanos y comunidades sometidos al encadenamiento de la perturbación
espiritual constrictora, arrastran sus miserias morales en caravanas de
inermes víctimas de sí mismos, bajo la imperiosa fuerza de
sus adversarios desencarnados.
En el intercambio espontáneo existente entre hombres y Espíritus,
es mucho mayor de lo que se piensa el cerco de las Entidades perversas
y atrasadas, teniendo en cuenta que es más fácil la sintonía
de propósitos entre éstos y los que deambulan en el cuerpo
físico.
Donde esté la deuda, siempre surge la cobranza.
Si es ocultado el débito u olvidado, en nada disminuye el gravamen,
ya que aparece en el momento apropiado a la necesidad del resarcimiento.
La armonía interior, es la consecuencia del equilibrio existente
entre las acciones positivas y los engaños que producen las reacciones
de la ira y de las idiosincrasias que pasan a gravitar en torno de los
que son merecedores de ella.
Solamente el amor, en toda su grandeza consigue modificar las crudas y
crueles parasitosis psíquicas que diezman a los hombres imprevisores
y establecen el caos social que azota al planeta en sus diversos cuadrantes.
Instado al bien, mediante las incontables invitaciones que le formula la
Naturaleza, el hombre dispone de vigorosos antídotos de los que
no se vale, a fin de preservarse y poseer la paz.
La práctica de la beneficencia, el cultivo de la oración
y de los sentimientos nobles a cualquier precio, logran resguardar, inclusive
a los incursos en el desacato a la Ley, haciendo que se modelen por la
suma de acciones correctas practicadas, en vez de hacerlo por medio de
las lágrimas ardientes.
El bien posee un mayor en la suma de la economía de la vida, pudiendo
anular cualquier atentado y ofrecer, al mismo tiempo, fuerzas para que
el réprobo tenga fuerzas para rehabilitarse, logrando conquistas
que lo hagan digno de la ventura, ahora o más tarde.
Retribuyendo los asedios a su casa mental con pensamientos saludables,
consigue anular y hasta desanimar a su antagonista, que, cansándose
de la trama malévola que establece y en la cual insiste, busca otras
metas, encontrando su propia redención. En esta ocasión,
los Espíritus Guías del encarnado o del antagonista, se acercan
amparando a los litigantes, e inspiran, tanto a uno como al otro, en la
adquisición de la victoria sobre el "YO" enfermizo, que está
siendo derrocado.
La argumentación benevolente y esclarecedora, en el ejercicio de
la mediumnidad con Jesús, constituye un saludable medicamento para
el severo problema de las obsesiones, ecuacionando las razones ocultas
de las soeces perturbaciones, propiciando, al mismo tiempo, la reeducación
de ambos combatientes que se enfrentan furiosos en el área de la
mente.
Cuando hay autoridad moral de parte del educador espiritual, se consigue,
con esfuerzo, que ambos comprometidos en el agotador combate, resuelvan
cambiar el comportamiento mental y se dispongan a reiniciar una reparación
con la que se preparan para emprendimientos futuros.
Mediante un grupo conexo de hombres y mujeres en sintonía espiritual,
estudiosos de las causas y principales menesteres de la vida, apoyados
en la oración y en la elevación de los propósitos,
en un disciplinado ejercicio de la caridad hacia los que atravesaron el
portal de la tumba, la terapéutica desobsesiva logra alcanzar las
finalidades elevadas a que se destina.
La comunión fraternal, la solidaridad existente y el culto al bien
incesante, producen una resistencia a las embestidas de las mentes despiadadas
y perseguidoras que no consiguen romper las defensas del grupo, verdadero
refugio de luz que ninguna sombra logrará entenebrecer...
Simultáneamente, la honesta disposición del paciente en recuperarse,
esforzándose por romper las cadenas de dolor y amargura por medio
de sonrisas y socorros que consiga proporcionar a los que padecen aflicciones
y sofocan las amarguras íntimas, constituye una valiosa armadura
para la victoria, en el severo embate.
Muchas veces, la suma de los delitos que pesa sobre la conciencia y la
vida de los desdichados pacientes, es superior a la posibilidad momentánea
de lograr la recuperación y la paz. En tal caso, se prolonga la
intervención obsesiva, que no siempre culmina en la desencarnación,
sino que prosigue más allá de la sepultura, donde se alteran
los factores vigentes y se establecen los nuevos emprendimientos futuros
donde sonreirán las esperanzas y florecerán las alegrías.
En el pasado del alma, en sus vidas precedentes, se encuentran las matrices
de todos los sucesos profundos y de elevada significación que se
reflejan en la actualidad del ser espiritual, encarnado o no.
En el pasado espiritual, se encuentran las llaves que descifran los enigmas
presentes.
En el ayer de cada ser, duermen las razones reales de las agonías,
dolores e insatisfacciones que debilitan a las criaturas humanas.
Ojalá comprendan los hombres, que las directrices de su futuro rigen
en las circunstancias actuales, pudiendo cada uno construir su paraíso,
desde entonces, a cambio de la abnegación, la nobleza y el autoperfeccionamiento.
El Señor no desea que los pecadores se extravíen, conforme
a su enseñanza, sino que se salven.
En el colosal intercambio existente entre los habitantes de la Tierra y
los que viven en la Erraticidad, lo referente a la obsesión, es
una de las más importantes cuestiones, debido a sus consecuencias,
por cuanto el amor, es claridad que ilumina, señalando rumbos.