LA HUMILDAD
Leonor Balderas
El
gran Maestro Jesús, cuando hacía su misión en este
mundo para extender la doctrina más hermosa que han conocido los
siglos, y que perdura a través de los tiempos, dio a conocer que
de los humildes sería el reino de los cielos, porque la humildad
es la virtud que más se acerca a los nobles de corazón.
No es altanera, es dócil, no lleva orgullo, se conforma con
poco, no busca el lugar preferente, y estos dones la hacen grande a los
ojos de Dios y de los hombres.
El
orgullo es su mayor enemigo. Los orgullosos creen más en ellos
mismos, incluso que en los poderes divinos, y cuando en la vida les
llega una contrariedad se revelan en contra de su padecer porque se
creen superiores, bien por su posición económica, por su
posición social o su caracter. Y en esta vida todos tenemos que
llevar un convencimiento; el de entender que ante Dios, somos muy poca
cosa, y menos si llegamos a Él pretendiendo saber como Él
mismo, porque en cualquier momento de nuestra vida, puede truncarse la
situación que poseemos.
Por
su infinita bondad fuimos creados. Nos entregó un mundo lleno de
grandeza para que todos pudiéramos vivir en él,
amándonos como hermanos, descendientes de un mismo Padre, y
todos cobijados bajo el mismo cielo, amparados por la misma Naturaleza
que daba albergue a todo lo creado, y abundantes frutos para su
alimentación. ¿Pero qué hemos hecho los humanos de
este paraíso que nos entregaron? Está comprobado que los
seres humanos somos débiles, estamos poseídos de
imperfecciones, y en cuanto perdemos el rumbo de ese camino que Dios
nos trazó, vamos como barco a la deriva navegando en un mar
embravecido, expuesto cada día a un naufragio, debido a ese mal
que todos llevamos dentro de nosotros mismos, y que a veces, nuestro
orgullo o nuestra ceguera no nos deja ver la pesada carga que cada cual
llevamos a nuestras espaldas. Sólo queremos ver nuestras
razones, y en esta vida, para vivir en paz con nosotros mismos y con
nuestros semejantes, tenemos que ser humildes y generosos con los
demás, si queremos encontrar ese bienestar que todos deseamos y
que aspira todo ser humano.
Para
conseguir todo esto hay que ser nobles de corazón, y que
nuestros pensamientos vayan elevados hacia las alturas, que es donde
únicamente podremos encontrar satisfacciones, porque tenemos la
seguridad que allá no cabe la mentira ni el engaño, y
sólo una Ley Justa será practicada para todos, sin que
nadie pueda revocarla cuando nos presenten los hechos de lo que
aquí hicimos.
Cada
día hay más violencia en el mundo, todo esto puede abocar
en un desenlace final, donde el mal por sus propios medios termine con
todo lo que procede de él mismo, y aquellos que hayan conseguido
pisar en terreno firme, tendrán el consuelo y la
protección del que todo lo puede.