LA CONTEMPORANEIDAD
DE LA DOCTRINA ESPÍRITA
Raymundo Luiz Lopes
"Jamás
dejé de existir, ni tu, ni estos conductores de hombres; ninguno
de nosotros dejará jamás de existir en el futuro"
( Bhagavad- Gita ).
El hombre, en su ruta terrenal, ha estado constantemente inquietado por
dilemas existenciales para cuya superación, todavía, no
faltan caminos. Brillantes inteligencias marcan presencia en el cuadro
de los que se pueden considerar predestinados para la apertura de
sendas libertadoras. La Ciencia, la Tecnología, el Arte, la
Religión, la Filosofía vienen contribuyendo para el
entendimiento de que la vida tiene sentido. En el diversificado campo
del conocimiento humano, hubo un verdadero boom - con base en el
pasado, el hombre lanzó flechas del presente hacia el futuro,
algunas, lamentablemente, contra él mismo.
Si de un lado, se establecieron modelos y prácticas,
reduccionistas/separatistas, de otro, el genero humano, igual que una
parcela, se enveredó por sendas más conjuntas, lo que
posibilitó, más tarde, adentrarse en la espiral
holística.
El siglo XIX trae paradigmas, algunos ya pasados - pilares
rígidos e inmediatistas, otros, de vanguardia, siguiendo el
flujo cósmico/social. El Positivismo (August Comte) marca,
sobremanera, las elites culturales. El Marxismo (Karl Marx), con la
teoría de la lucha de clases, muestra la desigualdad entre el
capital y el trabajo. Freud, con el psicoanálisis, revoluciona
los estudios sobre el psiquismo humano. Más tarde, superado, en
alguna de sus posiciones por Jung, que avanza en el conocimiento del
alma humana, inclusive, trayendo nuevas cuestiones sobre el
inconsciente personal y la tesis del inconsciente colectivo. Einstein,
que trae la teoría de la relatividad, ampliando la visión
del universo. Helena Blavatsky, iniciadora de la Teosofía,
conductora hacia la comprensión de la relación
hombre/divinidad. Charles Darwin alarga los horizontes de la
Biología. La Revolución Industrial provoca
transformaciones sociales y económicas. Un caldero efervescente
el siglo XIX. En ese caldero, el 03/10/1804, nace el profesor Hipollite
Léon Denizard Rivail, en Lion/Francia. Posteriormente, Allan
Kardec - el Codificador de la Doctrina Espírita - nombre
adquirido con el evento del Libro de los Espíritus, el 18 de
abril de 1857.
La obra de Kardec vino a confirmar la antigua tesis de la vida
después de la muerte, mostrando que, ni los espíritus, ni
los fenómenos mediúmnicos, ni la reencarnación son
fruto de la Codificación. Lo que dice al respecto del universo
de la materia y del espíritu, a la supervivencia del alma en sus
variadas dimensiones y existencias está delineado en los
corredores de la humanidad. En una (re)lectura del espiritismo, podemos
afirmar que él conduce una verdad que no excluye las
demás. Nuestra vivencia nos lleva a creer que el conocimiento
espírita abre perspectivas para la evolución consiente
con el otro, sin abandonar alternativas diversas que privilegian
posturas de (re)ligación, de inclusión.
El Espiritismo es un nuevo mirar sobre el mundo, la vida terrena y la
extraterrena. Revela a todos, a través de
hechos/fenómenos, "la existencia y la naturaleza del mundo
espiritual y sus relaciones con el mundo corporal". No tiene dogmas, ni
rituales. Hay, si, principios que lo sustentan, teniendo como base la
Ciencia, la Filosofía y la Religión: Existencia de Dios,
Inmortalidad del Alma, Reencarnación, Olvido del Pasado,
Comunicabilidad de los Espíritus, Fe Razonada, Ley de
Evolución, Ley Moral. Confirmados los principios, la
revelación espírita se mantiene firme, de pie, a pesar de
tentativas inquisitoriales. Actualizando el Evangelio, sugiere al
hombre un cambio de actitud con una propuesta de reforma íntima,
camino para la mejoría de la sociedad. Por eso, la necesidad de
optimización de las condiciones evolutivas del alma encarnada y
viviente en su medio social es una cuestión crucial. La Doctrina
presenta valores permanentes de la vida, siempre actuales,
constructores de una satisfactoria democracia, con base en la libertad
responsable y consciente que es, en otras palabras, el ejercicio pleno
del libre albedrío. En ese camino, conocimiento y moral deben
andar juntos, cogidos de la mano.
Ser espírita es no aceptar el rótulo de conformista,
sufridor feliz con el sufrimiento, pasivo ante los desajustes sociales,
sino, Ser Consciente en la superación de pruebas y expiaciones,
usufructuando del don de la vida, utilizando de la mejor forma la
oportunidad reencarnadora, creando momentos de felicidad (com)partida,
venciendo las trabas humanas: la envidia, la rabia, el egoísmo,
la venganza, la intolerancia (que tanto asola, todavía, a las
civilizaciones). Practicar la caridad, iluminando su mirar hacia el
prójimo y para el mundo, auto-transformándose en la
comunidad de la cual forma parte, en una busqueda de justicia y paz
social, preparándose para el futuro, conjugando el verbo AMAR:
"El amor es el eterno fundamento de la educación" (Pestalozzi).
"En el camino de los hombres es todavía el amor quien preside
todas las actividades de la existencia en familia y de la sociedad"
(Emmanuel). "Ama y dulcifícate, porque, sólo el amor
propicia la luz del entendimiento y el reposo de la paz" (Juana de
Angelis).
La reforma social de que tanto se habla no es posible sin la reforma
interior de la criatura humana - educándose, explayándose
y vivenciando las enseñanzas científicas,
tecnologías, artísticas, sin abdicar de la
sabiduría popular, de las tradiciones espirituales contenidas en
los libros sagrados de la humanidad, en los cuales el pensamiento
espírita está presente. El trascender, entonces, es algo
interno del hombre - de dentro hacia fuera, en una postura
(re)conciliadora, de (re)construcción. Para acabar, recordemos a
Tiago: "... así como el cuerpo sin espíritu esta muerto,
así también la fe sin las obras está muerta".