INFLUENCIAS ESPIRITUALES

Leonor Balderas

Bajo este cielo azul, al que todos miramos cuando queremos implorar al Padre para que nos ayude en cualquier problema material, vivimos los humanos expuestos a toda clase de contrariedades que la vida nos depara. Convencidos, sí, que cada cual venimos con una misión distinta, pero todos con unos mismos deberes que cumplir para con Dios, para con la sociedad y para con nosotros mismos.

Y en este importante papel que cada cual tenemos que desarrollar en esta vida, está la clave de nuestro ascenso o descenso en la escala espiritual en la que cada cual nos encontramos. Todo va de común acuerdo con la clase de trabajo que, individualmente, cada uno vamos desarrollando con arreglo al conocimiento, la luz y la fuerza que cada uno poseemos. Sí estoy muy convencida, de que una vez que tenemos el conocimiento claro que nos dio la doctrina, que el que se guíe estrictamente por las normas de buena voluntad que nos han inculcado, ese nunca se verá perdido entre las negruras de esa inmensa borrasca que es la vida. Surgirán contratiempos y problemas, pero nada hará desviar el rumbo de un camino recto y justo, por el que toda persona de buena voluntad deba caminar, sin hacer mal a nadie, sin imponer contra nadie, obrando con una conciencia limpia y clara, para que el mundo te acepte como buen ciudadano. Siendo honrado  y servicial con todos, escuchando y tratando de aliviar los problemas y dolores ajenos, como si fuesen los propios, y sobre todo tener la mente elevada a las alturas, confiando en Dios plenamente, porque todos sabemos que si nuestras esperanzas y pensamientos los tenemos invertidos sólo en las causas de este mundo terrenal, percibimos las influencias malignas de aquellos que, sin tener cuerpo, nos combaten con sus bajas intenciones que obran a través del pensamiento. Haciendo cuanto daño pueden, para contagiar y ensombrecer a esta humanidad que sufre.

Por eso estamos viendo últimamente tanta violencia en todos los ordenes, de conflictos, guerras, violencia,  altercados familiares, llegando incluso hasta la muerte. Y esto genera odios y sufrimientos sin par, porque la maldad, antes de agonizar, está librando en el mundo su última batalla, llevándose consigo cuanto puede abarcar.

Por eso, todos debemos montar guardia sobre nosotros mismos, que la única arma para combatir a tan terrible enemigo es nuestro honrado comportamiento y elevados pensamientos hacia Dios, para que ilumine nuestra mente por un camino recto y justo, que es el único que nos conducir· siempre hacia él.

(Originalmente publicado en la Revista LA HORA DE LA VERDAD - Diciembre 2002)