ESPERANDO

Manuel Robles

Un día de los que salí por el campo dando un paseo, se me ocurrió sentarme en una piedra que había en la orilla del camino, y poco después llegó donde yo estaba un íntimo amigo, que tal vez como yo había salido y al llegar a mi me saludo y sentándose a mi lado me pregunto: ¿qué haces aquí? Estoy esperando, le dije. Éste, igual  que yo, conocía bien la doctrina y continuó diciendo: ¿Esperas a alguna persona determinada? A esto no le respondí, pero empecé a explicarle lo que a continuación expongo.

Tanto tú como yo, conocimos la doctrina espírita hace tiempo, hemos leido muchos libros, hemos escuchado conferencias y hemos llegado a rutinaria forma de vivir, que más de lo que sabemos no podemos aprender. Pero sí me aparece una pregunta, que es la siguiente: Si alguien me pregunta, yo responderé que soy espiritista, ¿pero qué es lo que yo he adelantado al conocer esta ciencia?

Me fijo en otros amigos y vecinos que nada saben de lo que yo he aprendido y viven a su manera, más o menos como yo. Son buenas personas, agradables en el trato, serviciales y en determinados casos me superan en sus modales. Dime, ¿en qué somos tú y yo sobresalientes para distinguirnos de con los demás?.

Tú sabes como yo, que en esta doctrina ha habido personas que se han destacado por sus méritos personales, por su desprendimiento y amor hacia el prójimo. Pero estimado amigo, una gran parte incluyéndome yo, hemos creído que con asistir a nuestras reuniones, con creer en Dios y acostarme a las ocho es lo bastante para que nos paguen ese trabajo.

Somos tímidos para desprendernos. Mientras las comodidades nos rodean y no carecemos de lo que otros necesitan, no nos ocupamos de averiguar ni molestarnos en dar, al menos, una pequeña parte de lo que nos sobra. Sabemos que nos tenemos que ir y sin embargo somos capaces de donar nuestros órganos para alargarle la vida a otro. ¿Y cómo no donamos para aliviar las necesidades a otros tantos que padecen y que me han dicho que aquel es mi hermano?

Como sabes, Kardec dijo: "Sin caridad no hay salvación", pero esa bella frase, salvo en determinados casos, no está practicada como Cristo lo recomendó. Eso es lo que pienso y eso me pregunto si soy espiritista. ¿Qué es lo que estoy dando a la doctrina? ¿En qué me distingo? ¿En qué coopero? ¿En qué soy solidario y abnegado? Cuando llegaste te dije que estaba esperando, y lo que espero es que a medida de lo que observo, este mundo está sentenciado a un desastroso final.

Cada cual de los que creemos en el final de los tiempos, observamos que han llegado los cuatro jinetes del apocalipsis y aunque, cada cual opine de una manera, yo sigo creyendo que al no esperar que surja un milagro, lo que está podrido no podrá ser redimido ni perdonado, sino juzgado y esclarecido, cada causa con su efecto, todo con su merecido y podremos contemplar el planeta redimido, que es lo que espero llegar.

¿Tú crees que aquí sentado puedo seguir esperando? ¿Tu crees que si no me muevo puedo exigir recompensa si no actué cooperando?

Entiendo perfectamente lo que me acabas de hablar, mucho me alegro de verte y de la luz que me das, nunca es tarde si la dicha es buena, si queremos ser abejas en esta bella colmena, evitemos naufragar.

Los dos amigos quedamos en darle un rumbo diferente a lo que es esperar, mirar arriba y de frente con proyectos más sencillos, sacar las manos y dar, porque hasta aquí se tenían metidas en los bolsillos.

(Originalmente publicado en la Revista LA HORA DE LA VERDAD - Abril 2002)