El Testamento

Manuel Robles


Antes de irnos de aquí
hacemos los testamentos
para que los que se quedan
coman bien a dos carrillos
y que se queden contentos.

No hay regla sin excepción
como es el caso presente,
alguien hizo testamento
de una forma diferente.

Hizo tres partes iguales
y una dejó para él,
pero aquellos que heredaban
no lo podÌan entender.

Y le dijo un heredero,
¿pero para qué la quieres?
Y el donante contestó:
"Esta me la llevo al cielo".

Dieron una carcajada,
hasta el notario presente
creyendo que lo que hablaba
ya era un fallo en su mente.

Aquel repartía la herencia
seguro de lo que hablaba,
muy tranquilo prosiguió
mientras todos escuchaban.

Os parece un disparate
que al hacer el testamento
me quede con una parte,
y mucho mas todavía
de que me la llevo al cielo,
si eso es tremenda utopía.

Pues bien, seguid escuchando
que yo termine de hablar,
que no es que estoy delirando
con mi forma de pensar.

He gastado la existencia
navegando en este suelo,
ahora os dejo la herencia
sin la parte que me quedo.

Y es porque tengo entendido

que cuando de aquí nos vamos
nos pagan el merecido
del bien que al obrar hagamos.

Creo que tuve un descuido
y no fui lo generoso
que debía de haber sido,
y caritativo poco.

Pero cuando va llegando
al final de la existencia
vamos oyendo las voces
de la llamada conciencia.

Supe que cuando nos vamos
como errantes de este suelo,
nos hacen falta las llaves
para entrar o no en el cielo.

Y esas llaves no son otras
de cómo te hayas portado
en acciones generosas
con aquellos que padecen
sus vidas en mal estado.

He sabido de que allá
no premian por ser creyente,
y sí por el proceder
de ayudarle a aquella gente
que necesita comer.

Tanto he llegado a saber
en la doctrina que he estado
que he llegado a comprender
lo que es un gran acierto
y lo que es equivocado.

Y antes de irme prefiero
quedarme con una parte,
y ésta que sea en dinero,
los enseres y otras cosas
os las dejo y no las quiero.

Y a estos que yo les de
con la parte que me quedo
a Dios le darán las gracias
por lo que le habían pedido
que aliviará sus desgracias.

Si antes de irme me quedan
monedas en la alcancía,
que las repartáis prefiero
al que no hace testamento
por que nada poseía.

Y si algún día nos vemos
donde después todos vamos
espero que me digáis,
buen ejemplo tú nos diste
con aquello que heredamos.

Cuando termino de hablar
el que dijo que quería
llevarse su parte al cielo
nadie pudo contestar.

El que hizo el testamento
se quedó con una parte
pero sí que muy contento
porque antes de ser tarde
el miró hacia el firmamento.

Este hombre comprendió
que cuando se vive bien
eso hace estar dormido,
y por despertar a tiempo
si que estaba agradecido.

Tenia miedo a morir
pero al hacer testamento
pensó que sería feliz
desde ese mismo momento
que dejamos de vivir.

(Originalmente publicado en la Revista LA HORA DE LA VERDAD - Diciembre 2002)