EL DIFICIL CAMINO DE LA PAZ
José García
Verdaderamente en esto no hay dudas, todos sabemos que para conseguir la
Paz que tanto deseamos, antes nos queda un difícil camino que recorrer,
en el que hay que estar dispuestos a tomar en cada momento la decisión
más oportuna, aunque lleve consigo riesgos y molestias.
Pero como todas las cosas tienen su razón de ser, os diré,
que este comentario est· basado en una anécdota que me sucedié
hace años, pero por el nombre que tiene, el lugar donde sucedió,
le viene como cortado a su medida el titulo que encabeza este articulo.
Para una mayor comprensión de lo sucedido, voy a intentar situaros
geográficamente en el lugar de los hechos. En las cumbres del Parque
Nacional de Sierra Nevada nace el río Genil, cuyas aguas, después
de abastecer a la bella ciudad de Granada, siguen su curso partiendo a su
paso en dos mitades la amplia llanura de la fértil vega granadina
que tiene un extensión de 937 kms. donde se asienta un total de 38
municipios. Sus aguas se deslizan entre frondosas y frescas alamedas, hasta
perderse en los confines de las sierras de Loja.
A unos veinte kms. de Granada en su margen derecha y en pleno corazón
de la vega, est· situado el pueblo de Fuente Vaqueros, que tiene una
población aproximada de 4.500 habitantes.
Siguiendo el curso del río a unos 4 kms. en su margen izquierda, encontramos
una pequeña aldea, que tiene un nombre muy deseado por todos, ya que
ésta es conocida con el nombre de La Paz. Su población aproximada
es de 60 habitantes. Los dos núcleos urbanos estaban comunicados entre
sí por un camino vecinal polvoriento en verano y con mucho barro en
invierno. El río era vadeado de uno en uno, por un puente de madera,
tanto por la estrechez del mismo como por su balanceo y poca consistencia.
Por cierto, que cuando crecía el río y se enturbiaban sus aguas
por efecto de las lluvias, durante la travesía había que mirar
al frente, porque si se miraba donde se ponían los pies, la vista
se quedaba fija en la corriente del agua, lo que solÌa producir mareo
y perdida del equilibrio. Cuando el puente era arrastrado por la fuerza del
agua, había que esperar que mermara su caudal para ser construido
de nuevo por los vecinos de ambos lados, que utilizaban para ello los chopos
que crecían en su ribera.
Pues bien, una de las veces que yo iba a la aldea de La Paz, me encontré
con que la crecida del río amenazaba con derribar los puntales que
sostenía la "trampa", que así era como se le llamaba a aquel
inseguro y peligroso puente. En la orilla del río había una
mujer con un niño en sus brazos, a la que se veía preocupada
y nerviosa. Cuando me vio se dirigió a mi y me dijo: Tengo necesidad
de llegar a La Paz porque tengo allí a mis otros niños solos,
pero tengo miedo a pasar por si me mareo y caemos al río.
Si usted pudiera pasar a mi niño , yo pasaría sola aunque fuese
a gatas. Mi pensamiento funcionó a toda velocidad. Dado a su estado
de inquietud, aquella mujer necesitaba una contestación rápida.
Ante aquella situación, yo levanté la mirada y elevé
mi pensamiento. Después, con la firmeza del que ha tomado un decisión,
le dije a aquella mujer: Déme usted el niño, y acto seguido
inicié la marcha. Todo sucedió tan rápido, que cuando
yo tomé conciencia de lo delicada de aquella situación ya estábamos
en la otra orilla. Yo tengo el convencimiento de que otra mano que nosotros
no pudimos ver, fue la que intervino realizando con rapidez y acierto aquella
maniobra.
Su madre pasó después que nosotros, aunque lo hizo de rodillas
y cogiéndose a las maderas del puente. Cuando los tres nos vimos
a salvo, le dimos fervorosamente gracias a Dios, a la vez que la mujer no
sabía qué hacer para demostrarme su agradecimiento.
Hace pocos días he vuelto a pasar por el lugar del suceso, lo que
me ha hecho recordarlo de nuevo. Pero aquel dificultoso camino, se ha transformado
en una amplia carretera asfaltada. Y donde estaba aquella peligrosa trampa
se alza un puente moderno, firme y seguro.
Esto nos demuestra, que lo que ayer parecía imposible, con el paso
del tiempo se puede hacer realidad. Mantengamos viva la Fe y la Esperanza
y pongamos todos de nuestra parte. Porque igual que han mejorado los caminos
que conducen a la aldea de La Paz, con la ayuda de Dios también pueden
mejorar los caminos que nos han de llevar a conseguir La Paz Universal.