ECOS DE LA MEDITACIÓN
Manuel Robles
Todos los seres humanos que en la actualidad pisamos el planeta hemos
reencarnado de estos millones de seres humanos, nos dividimos en determinadas
partes, en cuanto a lo que se refiere a religiones y doctrinas, añadiendo
los que son ateos. En una de esas partes están los que se conocen como
cristianos y estos también están divididos porque cada uno
de ellos es diferente en cuanto al ejercicio de su creencia. Todos estos cristianos
creen en un Dios diferente, cada cual de ellos tiene sus rituales, formas
y costumbres, en todos ellos entran los fanáticos, y como decía
un maestro, "están los humildes, los sabios y los buenos, los tontos,
crueles y atrevidos". Al llegar aquí podemos hacernos una pregunta,
¿cómo es posible que se haya creado esa forma de entender de
que existen tantos Dioses si la única verdad es que existe un solo
Dios? Podíamos preguntarnos, pero, ¿quién es el Dios
de la verdad?
El que escribe ha conocido varias de esas religiones hasta que un día
conoció a una que también tenía un Dios, pero se diferenciaba
de las otras en que en ésta existía la reencarnación,
la ley de causa y efecto, etc. Eso hizo que yo mismo me encontrara, porque
antes estaba perdido, casi a punto de ser ateo. Yo había aprendido
un refrán que dice: "Dime con quién andas y te diré
quién eres".
No voy a criticar lo que había visto en otras agrupaciones representadas
por otros Dioses, pero había observado que los más pobres siempre
estaban en las últimas filas de donde se daban las charlas o los
sermones, observaba las miserias y situaciones familiares, que alí·
iban a pedir a Dios que les aumentara la ración del pan porque había
crecido la familia y era insuficiente lo que tenían para alimentarse.
Todo esto me fue llevando a entender que Dios estaba más cerca de
los pobres que de los mejor acomodados, y la reencarnación me aclaraba
las causas. Pero por eso tampoco podía aceptar que aquel que es pobre
y no puede alimentarse era porque antes fue rico y lo tuvo todo.
En este último grupo que encontré debían haber unas
reglas donde se distinguiera lo blanco de con lo negro, debían haber
unas normas de cuáles son los derechos y obligaciones. El Dios que
representaba este grupo debía haber enfocado cuál era el mejor
camino a seguir. Efectivamente lo encontré y me quedé muy
satisfecho cuando supe los resultados de cada cosa y una vez conseguido
volví a recordar el refrán: "dime con quién andas y
te diré quién eres".
Al llegar a este grupo conocido por espiritistas, comencé a escribir
habiendo conocido ya a dos maestros fundadores llamados Castillo y Kardec.
Estos maestros habían extendido en sus doctrinas lo que yo no había
visto en otras, pero pensé profundizar un poco y me preguntaba: en
la carrera puede haber muchos cirujanos, pero, ¿todos operan igual?
Aquí podemos ser todos electricistas, pero, ¿sabemos conectar
bien los cables para que no se produzca un incendio a causa de un cortocircuito?
Aquí pueden habernos dado a cada uno una parcela de tierra para que
la cultivemos, pero, ¿están todas limpias de mala hierbas?
Esto me hacia preguntarme, ¿qué es lo que es ser espiritista?
Había hecho una observación de todos los países donde
podían existir miembros de esta doctrina y llegué a la conclusión
de que en los países más desarrollados había muy pocos
adictos a la doctrina espírita. En cambio en los lugares y países
más pobres, la doctrina espírita crecía.
Pude comprobar que en esos lugares donde las necesidades eran muy elevadas,
habÌa unidad colectiva, más solidaridad, más amor, más
caridad de unos hacia otros. ¿Qué es lo que significa todo
esto? En esta escuela había aprendido, tal vez de más, pero
con lo que conocía era lo bastante para saber que ni están todos
los que son, ni son todos los que están, y junto a esta pregunta me
hacía otra; ¿y cómo soy yo?
Había entendido que ser espiritista no era nada si ese reloj no
tiene baterÌa. Si la persona está bien acomodada, donde no
le acometen las necesidades, posee buenos medios económicos y donde
las comodidades están bien parapetadas, estamos como el niño
que le mecen y se queda dormido.
En la escuela me dijeron, amarás al prójimo como quieras
que te amen a ti. No serás ambicioso, serás desprendido, servicial,
amable y comedido. Si perdonas, es posible que seas perdonado. No seas vengativo,
practica la forma de ser caritativo, tantas y tantas cosas aprendé
que ya podía pronunciar esa frase "yo soy espiritista". Pero no.
Pensé que para esto no era ya sólo el saber, sino cómo
debía ser el proceder, qué rastros debÌa dejar mi persona
para lograr esa verdadera moral y me di cuenta que dice un refrán
que no por mucho madrugar amanece más temprano, o como es igual, que
no por mucho leer o mucho escuchar se esta más adelantado.
En resumen, me di cuenta que había que moverse, habia que molestarse,
que había que desprenderse, dándole a otros algo más
de lo que me había sobrado. Así fue como aprendí lo
que es ser buen electricista o cirujano. Así fue como entendí
esta doctrina y aunque este Dios no hace milagros le agradezco que me haya
iluminado para que sepa cómo se alivia al que de tantas cosas esta
necesitado.