UN CAPITULO MUY IMPORTANTE
José García
Todos conocemos por determinados casos que nos presenta la vida, como por
otros tantos que nos señalan los medios de información, de
las distintas y diversas formas de comportamiento del ser humano.
Desde aquellos de nobles sentimientos, que arriesgan su vida en misiones
comprometidas, para aliviar los sufrimientos de otras personas, hasta aquellos
que carecen del más mínimo sentimiento de respeto hacia los
demás, ejecutando a sangre fria actos delictivos y denigrantes, indignos
de un ser humano.
Y precisamente, en ese comportamiento que desarrolla el ser humano a su paso
por la vida, juega un papel importante la escala de valores que cada uno
anteponemos en el desarrollo de todos nuestros actos, convirtiéndose
de este modo, cuando éstos son de signo positivo, en una especie de
brújula que se encarga de orientar nuestros pasos.
Pero en esa escala de valores positivos, yo quería hoy hacer mención
específica a un capítulo muy importante, que merece una
atención especial ya que se trata del tema de las relaciones humanas.
O dicho de otro modo, porque se trata de un tema tan delicado como es el
ejercicio de la convivencia que obligatoriamente tenemos que mantener
unos con otros.
Yo creo que uno de los mejores regalos que nos otorgó nuestro Creador,
fue el hecho de que dentro de este mundo donde tenemos que afrontar tantas
dificultades, se nos concediera capacidad suficiente para poder relacionarnos
entre sí y prestarnos ese apoyo y ese calor humano que recibimos unos
de otros para vivir y seguir adelante, sobre todo, en los momentos de mayores
dificultades. Por lo tanto, yo creo que el mejor activo que podemos tener
es esa paz espiritual que reina en nuestro interior, cuando las relaciones
que mantenemos con los demás, se desarrollan en un ambiente cordial,
basado en la buena fe, en la sinceridad y en la confianza mutua.
Y para que esas relaciones, además de sinceras, sean estables y duraderas,
tenemos que empezar por sentir satisfacción interior, por el hecho
de darse a los demás de una forma desinteresada sin esperar nada a
cambio. Sintiéndose bien pagados con la alegría interior que
nos proporciona nuestra propia conciencia. Pero además, hay que estar
dotados de una gran capacidad de comprensión para saber dispensar
a los demás, aquellos actos que desde nuestro punto de vista, no sean
todo lo correctos. En primer lugar, porque en la realización de aquel
hecho que para nosotros está mal, puede haber mucha mejor intención
de lo que nosotros creemos.
Y en segundo lugar, porque sabiendo que nosotros también nos equivocamos,
porque no somos perfectos, no podemos exigirle a los dem·ás
ese grado de perfección que nosotros no poseemos.
Quiero también dejar claro, que aunque no salga todo como nosotros
quisiéramos, pero que no piense nadie que esa entrega hacia los demás,
pueda ser un trabajo perdido, sino todo lo contrario.
Por una parte, porque ya dice mucho a favor de la persona el hecho de mantener
unas relaciones cordiales con todas las personas que el destino ha señalado
para que sean compañeros de viaje.
Por otra parte, porque con este modo de proceder, podemos alcanzar ese equilibrio
interior que todos necesitamos para sentirnos en paz con nosotros mismos.
Y por último, porque llegado también su momento, nos sentiremos
en paz ante la presencia del Creador.