Amor
y Deseo
Juanma (Fraternidad Espírita "José
Grosso")
"El concepto en torno del cual el hombre es
un animal sexual, peca, por lo exagerado. Naturalmente, las herencias atávicas
imponen la fuerza del instinto sobre la razón, llevándolo a
estados ansiosos o depresivos. No obstante, la necesidad del amor le es superior.
Por falta de una equilibrada comprensión de la emotividad, deriva hacia
las falaces sensaciones del deseo, en detrimento de las compensaciones de
la emoción". Joana de Angelis -EL HOMBRE INTEGRAL-
Hay dos forjas direccionales que dentro del comportamiento humano podríamos
considerar detentoras de un equilibro emocional deficiente o de una madurez
sexual aún más precaria. Una sería la de aquellos individuos
cuyas emociones son un torrente desatado que todo lo inunda (carácter
visceral o en exceso apasionado); la otra, correspondería a aquellos
otros que reprimen tanto el área de las emociones que, en parte interna
e íntima, se asemeja a un arroyo de aguas estancadas, paralizadas de
tanto castrar y "mutilar" las expresiones mínimas de afecto y cariño.
Ni mucho ni poco.
La cosa se complica aún más, cuando gran número de
personas de la humanidad de la cual hacemos parte, confunde términos
como "querer"/"desear" o "sensación"/"sentimientos"... En la pregunta
nº 939 del Libro de los Espíritus,
que quien ama es el espíritu y no el cuerpo. Con frecuencia - y sobre
todo en la coyuntura social y cultural que actualmente vivimos- confundimos
la realidad de los sentimientos verdaderos, con los primitivos impulsos de
nuestra naturaleza carnal.
Cuando una relación es auténtica en esencia, traspasa con
facilidad las exigencias de la parte animal, confundiéndose mínimamente
ante los espejismos de la pasión, que tan sólo es una estimulación
más o menos pasajera de los instintos. Si el afecto es real y puro
(aún considerándonos espíritus imperfectos) traspasa
las barreras del interés y las vanidades humana. Es firme e inalterable
a los ataques de la envidia y los perjuicios atávicos de las mentalidades
estrechas, así como de decrece con las distancias o el paso del tiempo.
Lo que sucede con frecuencia es que llamamos "amor" a muchas cosas que,
más adelante, terminarán evaporándose en cuanto se van
evaporando igualmente los fluidos de la pasión y la etapa "rosa" del
enamoramiento. Pero "amor" es algo mucho más vasto (y a la vez mucho
más simple) que "enamorarse"; pues entre hermanos o entre amigos,
pueden haber mucha más unión afectiva que entre parejas propiamente
dichas, que en la mayoría de los casos, son uniones con un alto porcentaje
de compromisos cárnicos a la espalda. No estoy diciendo que el verdadero
amor no pase por el aspecto romántico del enamoramiento, pues puede
ser una etapa más en su expresión, sino que el sentimiento que
llamamos "amor" - por ser, además, un estado del alma en tránsito
a la perfección- es algo infinitamente multidimensional y se presenta
o transcurre por diversas y múltiples expresiones; así como
tipos de amor hay muchos más de los estandarizados en el complejo panorama
existencial del espíritu humano.
Lo que no debemos hacer es basar toda una relación afectiva en los
breves minutos del relacionamiento sexual (por mucho que nos hablen de la
trascendental importancia del intercambio íntimo), en el sentido de
que el cariño verdadero es el que no permanece restringido a las manifestaciones
de la sexualidad, por importantes que sean, sino aquel que ve en el otro;
así como hay otras manifestaciones y tipos de amor que no precisan
de la vía sexual para su expresión, ya sea por revestir un carácter
familiar en la actual encarnación, ya sea por las características
espirituales que los definen.
Los amores verdaderos (y aquí incluimos cualquier tipo de unión
o compromiso afectivo, tenga la forma que tenga) ya vienen, generalmente,
enlazados y "cultivados" desde antes de la actual experiencia vital, en
veteranas y lejanas ligaciones del pasado... Son aquellas personas que "siempre
están ahí", aquellos que mejor nos entienden, (a pesar de nuestros
errores), y que nos son leales a pesar del ritmo agitado y las desconcertantes
vaivenes de la vida; son, podríamos decir, los elementos de apoyo
con los cuales avanzamos mucho más "aligerados" por las pruebas y
testimonios de cada día.